Y volver, volver, volver...

Tengo pendiente una crónica del último partido contra Rivas R.C. varias semanas atrás pero era la hoja en blanco más difícil a la que me podía enfrentar así que abandone el intento de explicar el desasosiego y la melancolía que ese partido me produjo.

Afortunadamente, sin lamentar males mayores, la vida continuó a base de flexiones, carreras, entrenos y risas y hemos vuelto a entrar en la dinámica positiva del rugby y a reencontrar las sensaciones individualmente y como equipo. Volvíamos al barro, volvíamos al clásico…

A pesar de la corta vida del Rugby Ávila se podría considerar que el clásico de los clásicos es el partido contra Zamora R.C. y en ello nos entretuvimos el pasado sábado, 13 de abril, en la ciudad deportiva de Ávila. Es el clásico porque es el partido que más veces hemos disputado en estos meses de existencia, no porque exista una rivalidad entre ambos equipos fuera de lo meramente deportivo. Debería decir que todo lo contrario, el buen rollo reinó en todo momento. Y realmente se agradece.

El empate en resultados (una victoria para cada cual y un empate) se desequilibró hacia el equipo zamorano que consiguió imponerse por 7-16 gracias a un juego de patada que nos castigaba sin piedad; fruto del cual y tras un error defensivo llegaba el ensayo visitante, mediada la primera parte, que se completaba con un golpe de castigo 0-10. Resultado con el que se llegaba al descanso.

En Ávila, la carga de caballería llega al toque de gaita de Neftalí y así empezó la segunda mitad, con un juego dinámico y de continuidad que nos permitía visitar con frecuencia la veintidós contraria sin conseguir, no obstante, inaugurar el marcador local. Por el contrario, en una de las aproximaciones visitantes un golpe de castigo era transformado para poner más tierra de por medio 0-13.

Pero la esperanza es lo último que se pierde y Ávila nunca baja los brazos, plenos de fe y corazón seguimos empujando hasta conseguir, merced a Brasas un ensayo transformado que ponía emoción al tramo final. 7-13. A tiro de ensayo. Zamora ejerció de equipo veterano –más que nosotros al menos- y supo controlar nuestras acometidas posteriores hasta que se fue acabando la gasolina y terminamos, con el tiempo cumplido, concediendo un nuevo golpe de castigo que colocó el 7-16 final en el marcador. Derrota agridulce.

Agridulce porque a pesar del resultado y de algún que otro error técnico y táctico en varias fases del partido, los numerosos asistentes –se agradece de verdad vuestra presencia- pudieron ver momentos de buen juego, pudieron ver que nuestra delantera tiene fuerza y corazón y pudieron ver que a la línea cuando se la espolea es contundente en defensa y peligrosa en ataque. Lo peor sin duda fueron las lesiones –Davil, Santi os queremos pronto dando guerra-. Lo mejor fue volver a jugar, volver a reír, volver al corro del equipo, volver al tercer tiempo, volver a recuperar la ilusión perdida. Y volver, volver, volver, a tus brazos –rumby- otra vez…

Cronista.