Y recordar porque te quiero…

Pascal

Y recordar porque te quiero…

Y se oye una pregunta en voz baja en cada mesa, en cada corrillo, en cada conversación en el Ha’penny Bridge Irish Pub de Ávila: estos cuarenta tíos que cantan, bailan, dan discursos, intercambian regalos, brindan, vuelven a cantar y ríen ¿quiénes son?, ¿qué celebran?, ¿por qué se abrazan como si fueran hermanos que no se ven desde hace años?

Esa pregunta solo la fórmula quién no sabe lo que está naciendo en Ávila, lo que se está gestando en esta ciudad. Solo admite una respuesta aceptable en cualquier parte del mundo. Son dos equipos de rugby y este, su tercer tiempo. Los dos primeros se disputaron de manera amistosa en la ciudad deportiva entre Rugby Ávila y Madrid Lions.

Algún día contarán las crónicas que ganamos un partido que podíamos ganar, que teníamos que ganar, que debíamos ganar. Pero no será hoy, no será esta crónica. Ganar un partido requiere saber ganarlo y el Rugby Ávila no sabe ganar, no ayer, no todavía.

Salió el equipo local con ímpetu y consiguió diez puntos en poco más de diez minutos de dominio total y juego avasallador. 10-0. Ver para creer. Pero somos jóvenes y arrogantes, pensamos que ya lo sabemos todo, que ya lo ganamos todo y nos confiamos. Cada error cometido se transformaba en metros perdidos, en golpes de castigo, en ensayos concedidos hasta el resultado final de 15-25. Si de cada derrota se puede sacar una lección para el futuro, valiosísima será la que recibimos ayer sobre la constancia, el esfuerzo y el sacrificio durante 80 minutos de juego.

Mención especial la presencia de Pascal tan esperada por todo el equipo tanto como por él mismo en el campo, vestido de corto, con la ilusión de un chiquillo y los nervios de un novato. Grande Pascal, ¡bienvenido vuelcafrutas!

 

Lo siguiente formará parte de la historia de este equipo, se convertirá en mito y se forjará la leyenda.

Llegar al tercer tiempo con un pesar en el corazón, cabizbajo y disgustado por estar peleado con tu amor pero, ¡ay amigo! el corazón tiene razones que la razón no entiende. Hablas con tus compañeros, con tus oponentes, comes, bebes, ríes y vuelves a sentir las mariposas que te revolotean por el estomago, deseando que llegue el próximo partido, deseando volver a sentir la sensación del aire en la cara, la hierba bajo los pies y un balón ovalado en las manos.

Y acabas dando el espectáculo –nunca también dicho lo de culo- con Brasas y Paul Devlin como maestros de ceremonia y directores de orquesta. Y, efectivamente, cantas y bailas y ríes y te abrazas a los demás como si fuera la primera y última vez en tu vida. Y te rindes a la evidencia de perder contra los Lions en el partido y, donde más duele, en el tercer tiempo.

Y los clientes del bar nos ven marchar preguntándose quiénes serán estos tarados mientras tú sales por la puerta más enamorado que nunca.

I love RUGBY because I am a RAT...and a LION!!

Cronista