Volver a ser un niño

Dijo Bernard Shaw que "No dejamos de jugar porque nos hacemos mayores. Nos hacemos mayores porque dejamos de jugar". Esa frase es, para cualquier peterpaniano, toda una declaración de intenciones. No hay sentimiento más infantil, entendido sin un sentido peyorativo, que jugar corriendo. Correr jugando. Y pocos escenarios son más divertidos para un niño que jugar con el agua, la lluvia, el barro. Pisar, salpicar, mancharse de barro.

El domingo pasado llegamos a Majadahonda con la advertencia de las fuertes lluvias y el estado del terreno de juego, poco más que un barrizal. Contemplamos con cierta preocupación que el campo estaba incluso peor de lo que nos habíamos imaginado. Cuando se viste de calle -pantalones vaqueros, zapatos, etc.- es normal que haya cierto pánico a ensuciarse la ropa. Esa sensación dura mientras te cambias e incluso cuando, ya vestido de corto, sales a calentar. Pisas con cuidado, buscando zonas menos embarradas y evitando los charcos.

Sólo en una ocasión se hace mención al terreno de juego antes del partido, en el calentamiento. Es conocida la preocupación de los entrenadores de que el equipo entre concentrado en cada partido y el campo y el barro, a ojos del capitán, pueden ser un problema para aquellos que van a tener que conquistarlo. Tiene un plan B por si hiciera falta, pero no hace falta. Este equipo no para de sorprender. No para de crecer. La madurez que está demostrando esta temporada sorprende a cada partido.

Majadahonda es un rival duro en el contacto, en las fases estáticas y en delantera pero nosotros somos más rápidos en la línea. Y un equipo que lleva tres gloriosos años de batalla en delantera lee el partido y decide jugar a la mano y correr. Hoy es el día de los sub-80kgs. El plantemiento es efectivo y el juego de continuidad proporciona varios ensayos en la primera parte. Mención especial a Pelos que ensaya cinco metros antes de la zona de marca con el partido empatado a cero. Lo perdonamos por que, imagino que picado en su orgullo, jugó uno de sus mejores partidos tanto en ataque como en defensa.

El partido se desarrolla en los mismos términos en la segunda parte y los ensayos se van sucediendo para el Rugby Ávila Club. Otra muestra de madurez es que en ningún momento el equipo se descompone, se relaja o deja de mostrar el respeto que todo rival -especialmente ejemplar Majadahonda en su comportamiento todo el partido- merece. Con el partido casi finalizado Majadahonda lanza su última carga con todos sus delanteros agrupados e intentando emular el mítico ensayo de maul con quince jugadores en la touche que Gales consiguió ante Nueva Zelanda. Ávila se defiende como gato panza arriba y termina el partido sin recibir ensayos.

El corrillo tras el partido es breve, casi inexistente. El trabajo se ha hecho, y se ha hecho bien. Los jugadores han respondido con oficio y compromiso a un dificil encuentro. Y lo han hecho porque se han centrado en jugar, en correr y mancharse de barro. Como cuando eran niños. Los abrazos, las fotos, las felicitaciones y las sonrisas son por el partido pero sobre todo por el barro. Cada uno lleva su partido pintado en la camiseta, las piernas y la cara. Pero sobre toda esa suciedad marrón destacan las dieciocho sonrisas de los que volvieron a ser niños.

Cronista.

P.S.1: Como todo escribano hace un borrón, o en este caso justo al contrario, a algún jugador hubo que rebozarlo en el suelo con el tiempo cumplido para que se fuera a casa sucio...estos alas, ¡no hacemos vida de ellos!

P.S.2: Por primera vez esta temporada terminamos el partido sin lesiones de gravedad. La maldición de Olaya ha finalizado. Mucha suerte en Argentina y ya sabes que aquí tienes a tu familia.