Quince espartanos.

Dicen que la Historia la escriben los vencedores así que hoy me debería de librar de redactar estas líneas porque llego el momento que ninguno quería pero que se antojaba inevitable, y en ciertos aspectos, necesario. La primera derrota del Rugby Ávila Club en la liga. Enfrente, el actual líder de la competición. Rugby Alcorcón.

Supongo que a muchos sorprenda leer que una derrota es necesaria, pero lo es. Es imprescindible. Creo firmemente que el carácter del hombre -del grupo- se forja en las derrotas. En la felicidad complaciente de la victoria es difícil encontrar vicios y defectos, virtudes y fortalezas.

Es en la derrota donde un hombre muestra lo que es y, por encima de todo, lo que quiere llegar a ser. Las lágrimas de quien siente la derrota como suya propia, las lágrimas de quién centraliza en sí mismo la culpa que ha de ser repartida entre quince, son lágrimas de un hombre valiente que, a partir de ese momento, será un hombre mejor. Un ombre que se ha ganado mi respeto. ;-)

Abandonemos la filosofía, de momento, y vamos a lo prosaico y terrenal. El rugby. Aunque nadie creo que piense que dejé de hablar de rugby en algún momento.

Hay una frase de Johann W. Goethe que dice algo así como “cuán insensato es el hombre que deja transcurrir el tiempo estérilmente”. Es una buena frase para la vida. Un excelente resumen de 40 minutos de juego. Porque si un partido de rugby dura, reglamentariamente, dos tiempos de cuarenta minutos, el pasado sábado Ávila decidió dejar pasar prácticamente la mitad del partido. Mala decisión ante un rival que no perdonó ningún error.

Alcorcón inauguró enseguida el marcador con un ensayo a los cuatro minutos. A este ensayo se unirían otros tantos hasta completar el resultado al descanso. 22-5. Hubo un chispazo, sólo uno en toda la primera parte, el ensayo de Agustín para poner el empate temporal en el marcador. 5-5. Fue un espejismo, lo demás fueron errores y despropósitos. Falta de concentración, o de fe. Puede que cierto ambiente derrotista por las numerosas bajas del equipo se hubiera instalado en nuestras cabezas puesto que no salimos a ganar, salimos a ver qué pasaba…

En la reanudación no había más que una carta que jugar. La épica. La de los quince espartanos a pelear contra el tiempo, el campo, Alcorcón y contra ellos mismos. Un cambio de actitud y una versión mejorada de nosotros mismos para saltar al campo en busca de la remontada histórica. Pero la histórica se quedó corta. Jugamos mejor, diría incluso que bien. Anotamos dos ensayos –Nacho y Borja (aunque realmente no recuerdo el orden)- y rondamos la línea de ensayo contraria en varias ocasiones pero sin suerte merced a errores propios y la buena defensa y el juego al pie local. Dichos ensayos y un golpe de castigo de Alcorcón en la segunda mitad conformaron el 25-15 con el que se llegó al final del encuentro.

Al final nos fuimos de vacio –sin bonus ofensivo ni defensivo- de un partido que con otra actitud podría haber dado un resultado muy diferente. Una lástima. Espero que extraigamos una valiosa lección de este partido para el futuro. Para eso caemos, para levantarnos mejores y más fuertes. Y nos levantamos apoyándonos en el compañero que tenemos al lado, nunca solo. No lo olvidéis nunca, espartanos.

Cronista.

P.S.: Finalmente mencionar a Miky y Fabio, que les hace ilusión aparecer en negrita en esta crónica y, visto lo visto, si no es por caridad... no, es broma, seguid así, que lo hacéis muy bien… ¿o no?... los golpes en la cabeza es que me dejan…