Ochenta minutos de perfecta felicidad.

Al finalizar algunos partidos que tengo la suerte de jugar con el Rugby Ávila Club hay  una conversación que se está volviendo recurrente con Torres. La conversación no es intelectual ni elevada pero es, como todas las buenas conversaciones, sincera y honesta.

En resumen, Torres me recuerda lo que me gusta ir a la guerra, meterme en todos los charcos y “pegarme” en cuanto tengo ocasión. Mi respuesta es sencilla. “y porque no me aguantan más las piernas”. Un par de chascarrillos más y uno de los dos, si no los dos, sentencia la conversación con la frase que probablemente mejor define el sentimiento que compartimos del rugby: “me divierto muchísimo”.

Es posible que esa frase sea la que es porque está dicha en la charla de después del partido, en el vestuario o al calor de un plato de macarrones en el tercer tiempo. Es posible que esa conversación un dolorido domingo por la mañana, sin poder mover cuello y hombros fuera diferente pero es la que es. Felicidad en estado puro. He estado pensando mucho en ello últimamente, desde que Dani de Hoyos me llama gruñón más que a Agustín y desde que todo el mundo espera mis broncas en los entrenamientos.

Hay un momento previo al partido, supongo que cada cual tendrá el suyo, en el que el mundo desaparece, el tiempo se detiene y la cabeza se vacía. Ese momento en el que te calzas las botas, te pones la camiseta, sales al campo a calentar, no lo sé. Pero existe, es real, está allí, esperándote.

Ayer buscando ese momento nos bajamos al barro, literalmente, para jugar contra IEU Boadilla. El segundo Boadilla al que nos enfrentamos y el segundo en la clasificación. Esperábamos mucho de este partido y el partido no decepcionó. Esperábamos la lluvia para el sábado y la lluvia tampoco decepcionó. Esa lluvia que convierte el campo en barro, el balón en una pastilla de jabón y cada abierta en un festival de salpicaduras y manchas.

Empezamos con energía, peleando abiertas, melés, touches, placajes… todo lo que se puede pelear en un campo de rugby. Y la verdad que salió bien. Teníamos las ganas, la fuerza y la concentración que tantas otras veces nos ha faltado de salida. Consecuencia de ello tras una buena sucesión de fases de delantera Nacho apoyó el balón en la zona de ensayo. 5-0.

Tras ese inicio arrollador e inesperado seguimos marcando el ritmo del juego y disfrutando la posesión del balón con un IEU Boadilla defendiendo duro y peligrosísimo en cada balón que podían correr al contraataque. Fruto de uno de esos contraataques tras intercepción de un pase logrando el ensayo de la igualada. 5-5.

Que me cuelguen si entiendo a este equipo. Nada cambió, nadie se descompuso o mostró dudas. Seguimos con el mismo discurso de juego solo interrumpido por algún error que la lluvia provocaba en el juego a la mano. Todo se soluciona, para eso están los delanteros. Inmensos todo el partido.

El segundo ensayo visitante llegó cuando bloquearon una patada defensiva y el balón entró en zona de marca para nuestra desgracia y alegría visitante. 5-10.

Que me fusilen si entiendo a este equipo. La convicción en el descanso era absoluta. Estábamos en el buen camino. Sólo un par de apuntes tácticos en la charla, beber agua, coger aire y un cambio. Entra Josito por Jc.

La segunda mitad sigue el mismo patrón que la primera mitad, con mucho placaje, mucha abierta, mucho barro y mucha agua. Hay partidos bonitos, divertidos de jugar. Donde los dos equipos se dedican a jugar y más -y nada menos- que ofrecer que su juego y esfuerzo sincero. Ayer fue un partido de esos y Boadilla un rival magnífico con el que jugar. Ejemplar en la victoria y, después, en la derrota. El empate no tardó en llegar obra de Elyo gracias a una gran jugada en touche –a veces sale lo que se entrena y yo, gruño menos-. Carras, que es un pateador free-style, anotó una patada dificilísima pegada a la línea de touche. 12-10.

Que me decapiten si entiendo a este equipo. Cuando todo parecía indicar que la delantera iba a marcar el ritmo del partido y decidir en los puntos de encuentro aparece la línea para pasearse con sus potentes carreras y sus camisetas impolutas de barro. Supongo que nos costó adaptarnos al ritmo del partido y la climatología pero una vez encontramos el tempo de pase, la línea se mostró agresiva, rompiendo la defensa contraria y generando mucho peligro. En una de esas internadas, nuestro flamante internacional Galo logró su primer ensayo con la camiseta del RAC. Carras transforma. 19-10.

Boadilla reaccionó como era de esperar y empezó a pisar el acelerador con mucho movimiento de balón y velocidad en el juego. Tocó entonces defender y placar. Trabajar en las melés. Melés a cinco metros de zona de marca que nos recordaron a aquellas del año pasado frente al Atleti. Y con mucho cuajo y cabeza fría salimos indemnes de los minutos de presión que nos tuvieron trabajando en nuestra veintidós. Cuando conseguimos salir de allí, volvimos a encadenar buenas fases de juego y continuidad llegó Josito, no había otro más cansino, a posar el cuarto ensayo local. Punto bonus. 26-10. De ahí al final, siete minutos de defender duro, mantener la posesión del balón y dejar correr el reloj hasta que se cumplió el tiempo. Melé, balón fuera, pitido final y victoria. Pasillo, abrazos y charla final.

Es entonces cuando te das cuenta. Igual que viene, se va. Ese momento se desvanece. El mundo reaparece, el tiempo vuelve a correr, a la cabeza vuelven las preocupaciones, el desamor, las enfermedades e incluso, el recuerdo de seres queridos que ya no están o que no llegaron a estar. El rugby nos duele, nos cansa, nos sangra. El rugby nos da ochenta minutos de perfecta felicidad.

Cronista.