No me dejes nunca

Es lunes mientras escribo estas líneas. Han pasado poco más de veinticuatro horas desde que jugamos el partido correspondiente a la quinta jornada que nos enfrentó a AD Ingenieros Industriales Las Rozas Rugby en Las Rozas y me duele todo. Tengo treinta y un años y me duele todo. La edad podría ser justificante de algunos de los dolores después de un partido de rugby pero no quiero quejarme, no después de lo que viví ayer.

Cuando yo tomé contacto con este deporte oí muchas frases y tópicos. Mi favorita es “la locura que no tiene cura”. Búfalo dixit.  Buen resumen. Sin duda otra de las que más me gusta –recordado hace no mucho en boca de Neftalí- es aquella de que “uno no deja el rugby, el rugby le deja a uno”. Nunca más cierto. El domingo pude ratificar la verdad de ambas.

Estoy por comprobar si los años y las circunstancias harán que el rugby me abandone. Si me dejará tirado en la cuneta de una autopista cualquiera, sin volver la vista atrás y recogerme a la vuelta. No hablo de parar en un área de servicio a hacer la haka a unos desprevenidos señores, no –momentazo entre épico y denunciable a la Guardia Civil…-. Hablo de romper vínculos completos y no volver a ver avanzar un maul, ni una defensa a cinco metros, patadas milimétricas o placajes que duelen solo con verlos… Espero que no y ayer afiancé esa esperanza. El rugby, en su nobleza, no te abandona.

Cuarenta y nueve años. Nuestro rival de ayer tenía una media de cuarenta y nueve años. Seis años por encima de nuestro jugador más veterano. No debería ni quejarme si me duele algo porque no puedo ni imaginar cómo estarán esos jugadores de cincuenta años o más –me quito el sombrero ante un pilier de setenta y dos años- que derrocharon casta, fuerza y coraje durante ochenta minutos.

Con esas credenciales presumíamos un partido lento, trabado, de delantera. Mucha fase estática y trabajo en las abiertas. Trabajo y guerra de trincheras. Porque nosotros, novatos como somos, nos enfrentamos a otro rugby, al de antes, al de toda la vida. Demasiado contacto de hombres con canas frente a imberbes chavales… Pero no salimos mal parados…

Empezó el partido con el equipo local encadenando fases y mauls que nos hicieron sufrir. Un equipo nos ganaba en delantera y había que apretar los dientes para placar, placar mucho y placar bien. El juego cambiaba de dueño mientras se desarrollaba en el medio del campo hasta que en una consecución de fases de Ávila, un balón abierto rápidamente a la banda culminó en ensayo de Fabio para ponernos en ventaja. 0-5. La reacción local no se hizo esperar y lograron un ensayo casi en la esquina para poner la igualdad en el marcador. 5-5.

El partido seguía el guión marcado con la guerra no declarada en cada agrupamiento hasta que la delantera de Ávila consiguió romper la línea de defensa, conectar con la línea y conseguir el segundo ensayo de la mañana. Darío inauguró su casillero en un partido en el que lo dejó toda la casta en el campo –entiéndase por casta una parte de la anatomía que no es conveniente reflejar aquí-, literalmente. 5-10. Habría tiempo para mover el marcador en dos ocasiones más. Ensayo local transformado. 12-10. Y golpe de castigo transformado por Carras con el tiempo más que cumplido para finalizar la primera parte. 12-13.

En la segunda parte el guión ya estaba escrito y ni el viento, dominador del juego al pie durante todo el partido, pudo cambiarlo. En la reanudación Borja consiguió su enésimo ensayo para ponernos en ventaja. 12-18. En un partido francamente igualado y duro, una nueva replica no se hizo esperar e Industriales acortó distancias con un nuevo ensayo, esta vez por la línea. 17-18.

Llegó el cansancio y el partido se ensució. Llegaron los golpes de castigo “feos”, las acciones al límite de la legalidad –límite por el lado de fuera, tristemente- y una amarilla por reiteración para Borja nos dejaba con catorce jugadores, dándoles una superioridad que nosotros ya habíamos disfrutado en la primera parte, merced a otra amarilla. Minutos muy sucios, de mucha pelea y mucha brega, de bajar al barro y “dejarse los cuernos” en cada punto de contacto. Una segunda amarilla para Industriales con el balón en su veintidós y tras una consecución de golpes de castigo y trabajadas fases acabó con Brasas ensayando casi bajo palos. Transformación de Carras. 17-25.

Volvió Borja del Sin Bin y entró David quien, tras un bonito eslalon –fiel a su condición de ala encubierto- conseguir ensayar casi con el tiempo cumplido y traer la tranquilidad a Ávila. Pero aún hubo tiempo para más. Amarilla para el propio David -minutos gloriosos- y prácticamente en el último minuto ensayo transformado local que les otorgaba dos puntos bonus. Marcador final 24-30.

Realmente hoy me disculpo porque tengo algunas dudas sobre el transcurrir del partido en cuanto al orden de los ensayos aunque creo que los he narrado correctamente. También me disculpo por extenderme en demasía en esta crónica de hoy pero la pasión y determinación de esa familia de “viejos” –no se me ofenda nadie- me tiene francamente impresionado. Y por último me disculpo con quién honestamente quería que protagonizara esta crónica. Alfonso.

Aunque explicar lo duro, lo intenso y lo sacrificado que fue el partido me viene perfectamente al hilo para dedicarle a Alfonso unas palabras porque él es eso. Duro, intenso, sacrificado. Generoso en el esfuerzo y solidario en el trabajo. Si he utilizado símiles bélicos hoy es porque fue eso. Una batalla a cada segundo. Y también porque es allí donde se nos va el bueno de Alfalfa. A la guerra. Pero no a una guerra bonita de melés y touches, de balones ovales y camaradería después de ochenta minutos. No, se va de misión, al Libano, los próximos seis meses y quiero que sepa lo mucho que lo echaremos de menos. En lo deportivo y lo personal. Cuidate mucho. Ten mucha suerte y vuelve pronto con nosotros. Hermano.

Cronista.

Realmente debería añadir que no me acuerdo de todo probablemente porque no fue mi mejor partido…y me disculpo por ello…muchos palos para tan poco pulpo…además hoy sí puedo decir que…los golpes en la cabeza es que me dejan…