Mamá, quiero ser delantero.

Melé

Este fin de semana el Rugby Ávila ha tenido el placer de devolverle la visita al Valle del Jerte R.C. en su casa, en Plasencia, en un partido disputado a la hora de comer, entre una marabunta de partidos de fútbol.

Intento imaginar el pensamiento de los asistentes a los partidos de fútbol acostumbrados a la fisonomía delgada de los futbolistas cuando ven salir del vestuario a una decena de fornidos hombres vestidos de rosa que corretean alrededor del campo de juego. El shock debe de ser grande. Surgirán todo tipo de comentarios “graciosos” sobre gordos, panzas, tripas, etc. Si no hubiera tenido la suerte de conocer el rugby supongo que pensaría lo mismo. Pero no, los conozco. No son gordos, son delanteros.

Y es que no hay nada que no pueda un delantero. El mundo gira cuando empuja en la melé, los muros se derrumban cuando choca, el tiempo se para cuando placa, no existe montaña más alta que su touche ni lugar más seguro que tras su abierta…

Sirvan estas humildes palabras de homenaje a mis delanteros –espero que un día me dejen jugar con ellos- por el excelso partido que protagonizaron el sábado. Fue un partido precioso, divertidísimo de jugar que honra a ambos equipos y la buena relación que han mantenido desde que se cruzaron en un campo de rugby.

El partido empezó con el Valle del Jerte cobrando ventaja con dos ensayos convertidos gracias a su línea. 10-0. Pero la delantera de Ávila se puso a trabajar y justo antes del descanso un ensayo transformado del inconmensurable Davil puso el 10-7 en el entretiempo.

A la reanudación la delantera abulense era una máquina imparable que conseguía un nuevo ensayo por medio de Brasas y un colosal ensayo coral de empuje con un maul al saque de una touche que se encargo de posar Dani. Mención especial este ensayo porque demuestra que lo entrenado puede salir en el campo. 19-10.

Las siguientes aproximaciones fueron peligrosas pero no fructíferas y los excesos se pagan, el cansancio se acusa y al rugby juegan quince. La delantera ya no estaba omnipresente y me duele decir que la línea, las ratas malditas, no estuvimos a la altura. Los irlandeses lo supieron ver y aprovechar consiguiendo tres ensayos que colocaron el definitivo 27-19.

Me gustaría concluir con dos apuntes: las risas del tercer tiempo en buena compañía, el debut de Raúl -nuestra jovencísima promesa-; una confesión: el uso del diccionario para expresar mi admiración por los delanteros y una reflexión extraída del poema if de Rudyard Kipling:

Si puedes llenar un inexorable minuto

con sesenta segundos de lucha bravía…

tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,

y lo que es más: serás un hombre, hijo mío.

Pues eso, que si consigues un minuto de lucha bravía, serás un hombre, serás un jugador de rugby y puede que tengas la suerte de ser un delantero. Que estas palabras nos guíen a todos.

Cronista.