Lost in Hortaleza.

Lo primero que tendría que escribir hoy es una disculpa. Una disculpa por haber tardado tanto en escribir estas líneas. Sabiendo además que hay media docena de lectores habituales e incondicionales de estas crónicas. Pero se da la circunstancia que, hasta la fecha, esta es la crónica más difícil que he tenido que escribir.

Hubo un momento, puede que dudara únicamente un segundo, en el que no sabía lo que estaba haciendo, lo que estaba pasando a mí alrededor, lo que tenía que hacer. Puede como digo que durara un segundo, tal vez incluso menos, pero fue suficiente. Suficiente para sentirme solo. Abandonado. De ninguna manera dueño de mí ni de mi destino.

Nunca en mi vida de jugador de rugby me había sentido tan solo. Rodeado de gente conocida, de caras conocidas, de amigos… pero solo al fin y al cabo. Dudando de cada decisión que había tomado, dudando de cada decisión que debía tomar, dudando de si aquel era mi lugar en el mundo. Ese sentimiento se instala dentro de ti y no te deja avanzar. Te convierte en el más melancólico de los vencedores. Porque vences pero no convences. Ni a tus compañeros, ni a tus rivales pero sobre todo, por encima de todo, ni a ti mismo.

El pasado 30 de Noviembre el Rugby Ávila Club viajó hasta el Campo de las Naciones para disputar el partido que lo debía enfrentar al XV de Hortaleza C en una nueva jornada de la liga madrileña de rugby. Sin querer parecer arrogante, a priori, podía considerarse un partido fácil en rigor de las posiciones en la clasificación. ¡Qué equivocados estábamos!

La primera parte comenzó como un vendaval de rugby. Prácticamente en la segunda jugada del partido un maul de Ávila culminó con un ensayo del paquete de delantera (autoría entre Agustín/Torres, transformación de Carras. 0-7) respondido inmediatamente por los locales con un ensayo por el ala. Conversión fallida. 5-7. Tres minutos después Borja consigue el segundo ensayo de Ávila con la conversión de Carras. Minuto 10. 5-14. Después de diez minutos de buen rugby por ambas partes, ocupando todo el campo, Fabio recorre un balón en el ala y con velocidad y habilidad dribla ala y zaguero para ensayar. Minuto 20. Conversión fallida. 5-19. Cinco minutos después Hortaleza demuestra que sigue en el partido. Ensayo tras un fallo en los placajes. Minuto 25. 10-19. La primera parte estaba siendo muy vistosa con juego rápido y fluido por parte de ambos equipos, en una ofensiva visitante el balón llega zaguero y Carras gana la línea de ensayo tras recorrer medio campo. Transformación. Minuto 31. 10-26. Justo antes del descanso llega el último ensayo de Ávila. Minuto 39. Brasas culmina varias fases de delantera con un nuevo ensayo que afianza a Ávila en el marcador. 10-31.

La segunda parte comienza con un equipo claramente dominador. Hortaleza se hace con la posesión del balón y empieza a llevar el ritmo del encuentro que, en los primeros minutos se desarrolla principalmente en mediocampo con visitas infructuosas a las respectivas veintidós. Pero hay algo que había cambiado en la dinámica del encuentro. Ávila olvidó que hay que correr, placar y jugar como un equipo y Hortaleza con mucho oficio y determinación demostró que cada segundo sobre el campo hay que pelearlo. A falta de quince minutos Hortaleza encerró a Ávila en su veintidós y logró dos ensayos más –ambas conversiones fallidas- que pusieron el resultado en el marcador final de 20-31. Victoria y bonus ofensivo para Ávila pero dejando sensaciones encontradas.

La segunda parte dejó muchas más dudas de las que requería el partido. No dudas de juego, si no, más bien, dudas de actitud, de carácter, de confianza –exceso de confianza- y falta de cohesión en el juego del equipo. Enfrente tuvimos un rival que no dudo, que no flaqueó en el carácter ni en la convicción y nos lo pudo hacer pagar caro. Gran rival. Gran tercer tiempo.

Y personalmente, me dejó abatido. Esa extraña sensación que mezcla la satisfacción por conseguir el propósito y la amargura por como se ha conseguido, la manera de lograrlo. Creo sinceramente que como se consigue lo que se busca es importante en el rugby y en la vida. Como bien dijo Balas (quiero dedicarte esta crónica) en el viaje de vuelta yo era: el que más ha sentido la victoria de hoy.

Es por ello que siento que tengo una deuda contraída con este equipo que quiero y que tanto confía en mí (y no solo para hacer las crónicas). Una deuda de juego y de compromiso. Una deuda que pagaré a cada partido que disputemos a partir de ahora. Nunca más volver a estar perdido en el campo, nunca más volveré a sentirme solo o abatido, nunca más tendré que apoyarme en los demás si no que seré yo quien los ayude a ellos. Nunca más volveré a sentirme… perdido en Hortaleza.

Cronista.

P.S1.: Estas dos semanas que terminan nos han provisto de varios buenos artículos sobre rugby pero seguramente –dada mi tardanza en escribir- todo el mundo asociará estos días el rugby a Mandela, Sudáfrica, Invictus (película) e incluso algunos, Invictus (poema). Casi todo el mundo conoce el final del poema pero sería casi irrespetuoso no escribirlo hoy aquí.

…soy el amo de mi destino

soy el capitán de mi alma.

Pues eso.

P.S2.: Por último quiero felicitar a un novato que tomó la alternativa de manos de Paco. Enhorabuena Charco, te hemos esperado con expectación y ahora esperamos disfrutar de tu juego y compañía… espera… o no eres un novato… los golpes en la cabeza es que me dejan…