Historias de lluvia y barro

“Los jugadores del RAC de dos en dos, uá, uá” seguramente fuese lo que estuviesen cantando los abulenses en el camino que les separa de sus hogares hasta la Ciudad Deportiva, ya que se estaban dirigiendo hacia el Diluvio Universal, en una tarde de rugby en la que un servidor no recuerda haber pasado más frío en un campo durante un partido.

El partido se presentaba como un derbi algo desigualado entre los dos únicos equipos castellanoleoneses que militan en Liga Regional Madrileña, ya que los Lobos de Segovia se encontraban situados en una cómoda segunda posición, mientras que los abulenses venían de cosechar únicamente un empate y un bonus defensivo en dos partidos como visitante que deberían haber ganado.

Con la lluvia que caía implacable sobre el terreno de juego, y tras el pitido inicial del árbitro, el partido fue tomando progresivamente un tinte épico que convierte al deporte del balón oval en el preferido por los últimos románticos que quedan sobre la faz de la Tierra. Treinta jugadores a los que no les importaba la lluvia ni llevar de barro cada poro de su cuerpo por intentar ayudar a su equipo dando lo mejor de sí mismos.

La lluvia y el consecuente embarramiento del terreno de juego hacían prácticamente imposible cualquier posibilidad de juego abierto a la mano, por lo que el encuentro se convirtió en una sucesión infinita de melés y de fases estáticas, para desgracia de unos tres cuartos abulenses que, u optaban por sumarse al juego de delantera que pedía el partido, o corrían el riesgo de caer congelados como un témpano de hielo sobre el terreno de juego.

Empezó golpeando primero Segovia, que durante la primera parte logró encerrar a los abulenses en su terreno de juego, para ponerse 0-7 en el marcador y seguir apretando. Fruto de ese empuje y de esa presión a la que sometían a los rosados, llegó el segundo ensayo visitante, tras un fallo abulense en la transmisión del balón en su propia zona de ensayo, que provocó que el jugador segoviano únicamente se tuviera que preocupar de posar el oval.

Con esto se llegó al descanso con un nada esperanzador 0-14 en el marcador. Pero los abulenses aún no habían dicho la última palabra. Tras el pitido del árbitro para dar comienzo a la segunda parte, se vio a un conjunto abulense pleno de casta y coraje y preparado para sacar algo positivo del partido. Los de rosa comenzaron a hacerse dueños de las melés y de las touch, tanto propias como ajenas, para, a base de fuerza en cada fase, ir avanzando metros hasta lograr posar el balón en la zona de marca segoviana a cargo de Borja. No se logró transformar, pero el marcador se tornaba en un 5-14 que, tras lo visto en lo transcurrido de segunda parte, daba esperanzas a los abulenses.

Los pupilos de Jose Ignacio, espoleados por el tinte épico que impregnaba el partido, siguieron empujando, dispuestos a llevarse la victoria, pero un par de polémicas decisiones arbitrales les hicieron perder varios metros cuando ya se aproximaban de nuevo a la zona de marca segoviana. Llegaban los minutos más importantes del partido, en los que seguramente se decidiría el marcador final, con los segovianos defendiéndose con uñas y dientes y los abulenses intentando avanzar metros pero, tras una pérdida de los de rosa, llegó una contra loba que pilló descolocada a la, hasta ese momento, organizada defensa local, para provocar que el zaguero visitante lograse anotar otro ensayo, esta vez cerca del banderín, por lo que erraron la transformación. 5-19 y el partido se escapaba para los abulenses.

Aún así, el Rugby Ávila Club volvió a tirar de casta y oficio y, sin darse por vencido, continuó con el juego arcaico pero efectivo que tan buen provecho les estaba dando en la segunda parte para, sobre la bocina, lograr que Paco provocase que el árbitro concediese un ensayo de castigo a favor de los abulenses debido a los sucesivos golpes de castigo sobre su línea de ensayo cometidos por el equipo segoviano. Transformación y pitido final con un 12-19 para los segovianos, pero con el equipo abulense consiguiendo un trabajado punto de bonus defensivo que, quién sabe, puede ser muy valioso en la lucha por meterse en puestos de playoffs tras una liga a la que le quedan únicamente tres jornadas.

Cuando uno lleva ya varios partidos a sus espaldas aprende que hay derrotas que saben mejor que algunas victorias, y ésta fue una de ellas. Los jugadores abulenses se fueron a casa derrotados, empapados de agua y barro y tiritando del frío, sí, pero orgullosos del trabajo realizado como equipo y sabiendo que ése es el camino a seguir.

Y, sin más dilación, toca volver a otorgar los PREMIOS RAC, que ésta vez iban con regalito incluido:

  • PREMIO PANINI: aunque fue difícil elegirlo tras un buen partido en defensa de los abulenses, el premio Panini fue a parar a Sergio, que no pudo frenar al zaguero segoviano en el ensayo que decidió el partido a favor visitante.
  • PREMIO MANOS DE TOPO: esta vez el honor es compartido entre Miky y Dani por la desafortunada acción entre ambos en zona de ensayo propia que acabó con ensayo para los Lobos.
  • PREMIO PUNISHER: en este premio el premiado sí que no tuvo discusión. Torres se lleva el honor por deleitarnos con una magnífica colección de golpes de castigo de todas las formas y colores posibles.
  • PREMIO TRAGABOLAS: a Josito, por apagársele la tele antes del cambio de frecuencia de las cadenas digitales que tendrá logar a finales de año.
  • PREMIO TOLAI: al que se postula como firme candidato a ser el más premiado del RAC a final de temporada, Álvaro, por una lamentable patada más propia de un bebé al que le regalan su primer balón de fútbol en la que no avanzar, ya no sólo metros, sino ni centímetros.

 

Cronista.