Hijos del Rock & Roll.

“Bienvenidos a la liga de Castilla y León”. Hasta en tres ocasiones se oyó esta frase en el corro de los jugadores. No fue un tono cordial y amable, un tono que dé ganas de quedarse. A veces necesitamos que nos recuerden dónde estamos y quienes somos. A veces necesitamos que nos bajen los pies a la tierra y nos recuerden –el capitán, sin corona de laurel, es esclavo de esa tarea- que somos mortales. Esto suena dramático, pero es que el partido del sábado fue un drama. Estrenamos temporada en una competición nueva, con el debut en casa y contra buenos amigos como el Rugby Zamora y nos creímos que todo estaba hecho, que nos lo iban a regalar por nuestra cara bonita. Gran error.

Zamora amablemente nos recordó que el partido dura ochenta minutos y que, caprichos del juego, hay que correr ochenta minutos para poder ganar. No es que sea una obligación pero es muy recomendable. Andar por el campo no ayuda al equipo, no saber si estás en un partido de rugby o en la bolera, tampoco. Tener un equipo delante que penaliza cada error que cometes te obliga a concentrarte y espabilar o a perder irremediablemente. Si juegas contra un buen equipo no puedes regalarle nada, y menos casi cuarenta minutos de juego. Eso hicimos gracias a nuestra falta de concentración y su buen oficio.

En la segunda parte mejoramos en intensidad pero seguimos cometiendo indisciplinas que el árbitro sancionó a la perfección. No suelo hacer referencia a los árbitros pero es de destacar  por la gestión del partido pero, por encima de todo, por la sonrisa con la que pitó todo el encuentro. Increíble. Como decía, en la segunda parte mejoramos, estuvimos cerca de la victoria pero cometimos errores de novatos, de nervios, que ellos aprovecharon para mantenernos controlados en el marcador. Al final perdimos por un punto y con el sabor agridulce de la derrota y la sensación de que podíamos haber logrado más. La paella, la cerveza y la charla con buenos amigos ayudaron a quitarse ese sabor y pensar ya en el siguiente partido. Estas dos semanas vamos a correr mucho, muchísimo.

No me ha quedado una crónica muy épica y rimbombante, con metáforas molonas y que toque la patata. Sospecho que este año va a haber poco de eso, este año la liga va a ser muy dura y nos va a tocar ser mucho más pragmáticos. Correr mucho, placar abajo y apoyos en cortito. Una apasionante e ilusionante temporada comienza y solo puedo decir, a los hijos del Rock & Roll, ¡bienvenidos!.

No me resisto a despedirme sin poner una frase que hace poco leí del filósofo griego Pitágoras y que apunté para usar algún día por aquí. Creo que resume bien como afronto cada entrenamiento, cada partido y, en gran medida, el espíritu del rugby o como, al menos, yo lo entiendo.

“No estoy en competencia con nadie.

No deseo jugar el juego de ser mejor que nadie.

Simplemente trato de ser mejor persona de lo que era ayer.”

 

Cronista.