Crónica

LA GRAN BAZA DEL PERDEDOR

“Ñu .Garrapiñao´. 3”

Anónimo

El cine bélico no me llama la atención. Odio las líneas éticas de un grupo de iluminados. Cada vez que alguien hace alarde descontrolado de valentía innecesaria y desechable, me entran arcadas. Lloro sangre cuando, en una relación entre iguales, el oportunista o demagogo se intenta imponer sobre el resto. Me gusta el rugby.

Digamos que la llegada a Madrid fue apacible. El viaje había sido invadido por un espíritu dominguero que hacía a los jugadores ilusionarse con futuras victorias y tiempos mejores. Charla mansa. Fin del trayecto y a impregnarnos del “clima perfecto para jugar al rugby”.

Paradójicamente, mientras escribo estas esperadas palabras, se me viene a la cabeza una escena de la taquillera “Salvar al soldado Ryan”. Antes de comentarla, permitidme que meta en harina al lector que no ha tenido la oportunidad de ver el largometraje (sinopsis libre de spoilers): en plena guerra mundial, el afamado y valeroso capitán John Miller (Tom Hanks) tiene el deber de guiar a sus muchachos hacia un destino concreto, marcado por unos peculiares intereses políticos. Los subordinados de Miller están que no cagan con su superior (matiz muy frecuente en este género cinematográfico): alaban el carácter del capitán y se permiten el lujo de hacer cábalas sobre su misterioso pasado.

Pitido inicial. Físicamente dentro, mentalmente fuera. El equipo baila a un son marcado por los rivales. Somos espectadores de su juego. Una delantera quebrada a causa de lesiones y ausencia de jugadores hace lo imposible por cambiar el rumbo del partido, por hacernos notar, por atrapar un balón que es....

Loca Academia de Rugby

Los más mayores del lugar seguramente recuerden la exitosa saga de películas creadas por Paul Maslansky y dirigidas por Hugh Wilson que tuvo un gran éxito en taquilla,

DAVID CONTRA GOLIAT

En el libro de Samuel, la Biblia narra la historia de David contra Goliat en la que un pastor armado únicamente con una honda es capaz de derrotar a un armado gigante, logrando con ello liberar al pueblo de Israel de la invasión filistea. Pero, siendo realistas, esto rara vez sucede.

AÑO II. Día 1.

El Rugby Ávila Club comenzaba su segunda temporada como equipo federado en la Cuarta Regional Madrileña sumergido en un mar de dudas debido al pobre juego mostrado en los dos amistosos preparatorios y a la incertidumbre por saber cómo se adaptarían los nuevos jugadores al equipo.

Un cuento de Navidad

El abuelo abraza a su nieta después de largo tiempo sin verla. Ha crecido tanto, ¡casi puede sostener ya un balón de rugby! No tiene dudas, en cuanto tenga la fuerza para mantener un balón entre sus pequeñas manitas, un balón tendrá en sus pequeñas manitas. Su abuelo se encargará de ello. Y la enseñará a jugar, a pasar, a placar, la explicará las reglas del juego, del sacrificio, del compañerismo, del respeto, del tercer tiempo…bueno, del tercer tiempo mejor cuando crezca un poco más.
El abuelo mira a la nieta desde sus ojos azules, respira hondo y se dispone a contar un cuento. Un cuento de Navidad. Habla con una cadencia y un acento especial, de quien aprendió un idioma que no era el suyo. Habla de un prado verde, un cielo azul, un sol acogedor y quince titanes de rosa (no es una concesión a su nieta, es el color real de sus titanes, por mucho que le pese).
Es diciembre y hace el frío propio de Ávila. Ideal para estar en casa en el sofá y no en un campo de rugby, pero un sábado a las 16.30h no nota el frío. No lo nota en sus cicatrices –ni siquiera en aquella larga que recorre un costado de su cuerpo- ni en su cadera maltrecha –esa que le ha impedido jugar desde hace demasiado tiempo-. Su sangre hierve...

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