(Des)encanto.

(Des)encanto.

Soy de la generación que creció con Los Simpsons, pero la generación que creció de verdad. No las generaciones posteriores que conocen los capítulos gracias a las innumerables reposiciones en televisión. Yo hablo de crecer en blanco y negro, con la emisión en La 2, por la noche, cuando estaban considerados dibujos para adultos y no podían emitirse en horario infantil. Luego pasaron a Antena 3 y la audiencia los convirtió en “nanananananana, ¡líder!”.

Crecí viendo Los Simpsons con tanta fidelidad y fervor como para lograr que mis padres aceptaran esperar a que terminaran los capítulos para poner el telediario. Son parte de mi vocabulario, de mis expresiones, de mis referencias, de mi fondo de armario e incluso de mi fe, porque “normalmente no rezo, pero si estás ahí­, por favor, sálvame Superman”.

Hoy, muchas temporadas después, la relación ha cambiado. Las peripecias de la familia no son mi prioridad ni mi primera opción cuando enciendo la televisión. No estoy contento con separarme de una serie que he seguido con fidelidad si no es porque llega otra que puede aportarme nuevos momentos de felicidad. Hoy se estrena una nueva serie que espero con impaciencia. Nuevos personajes, nuevas historias, nuevas aventuras y moralejas. Aunque todas estas historias no podrán hacer que me olvide de los habitantes de Springfield. - ¡¿Pero es que nadie va a pensar en los niños?!-.

Esta temporada cambiaremos de canal. Nos pasamos a Castilla y León. Nuevos personajes, nuevas historias, nuevas aventuras. No puedo decir que esté contento de dejar la cadena que nos ha visto nacer y crecer pero las circunstancias nos obligan a cambiar. Las bajas audiencias de la última temporada en casa nos han obligado a buscar una alternativa. No hemos tenido los índices de audiencia esperados (eternas gracias a Titanes, Olímpico e Industriales por sus visitas) y eso ha traído un grave perjuicio a la economía y al sentir general del club. Aunque podremos tener todo el dinero del mundo, pero hay algo que nunca podremos comprar… ¡un zaguero placador!.

No me cabe duda de que echaremos de menos tomar un sexteto cervecil con Indus, comer lentejas -que saben a gloria- en Las Terrazas, seguir perdiendo contra Jabatos, dar mucha guerra a los Boadillas, cantar con Brasas y su Oli, mirar como idiotas a Fermín de la Calle en Tres Cantos o dejarnos el pellejo, literalmente, en Puerta de Hierro por poner sólo algunos ejemplos de estos maravillosos años y esta maravillosa gente que dejamos atrás, menos los vampiros que son seres inventados, como los duendes, los gremlins y los aperturas sin pelazo.

Todos vosotros, en lo bueno y en lo malo, sois nuestro referente. Nuestras historias serán sobre vosotros. Nuestras bravuconadas exageradas al calor de la buena conversación y la cerveza serán sobre todos vosotros. Y eso es un orgullo y una gran responsabilidad. Responsabilidad para nosotros que ahora tendremos que demostrar con nuevos equipos –nuevos amigos- todo lo que nos habéis enseñado en un campo de rugby, cada vez que saltemos a  jugaaaar, con mi melocotoneeeero.

Estoy seguro de que volveremos, en forma de chapa o no, a cruzarnos en una calle, en un bar, en un estadio… e intercambiaremos miradas cómplices –puede que sin saludarnos-; las miradas de quienes se reconocen iguales, enfermos de la misma pasión y que se batieron alguna vez en un campo de rugby y en un buen tercer tiempo.

Gracias a todos. Sois  muy chu chu chulis.

Cronista.