Desde el banquillo

Tras una jornada en la que no pude ir a ver jugar al equipo, vuelvo con una crónica acerca de mis vivencias el pasado sábado. El RAC se enfrentaba con uno de los equipos más fuertes de la división, el Club Atlético de Rugby, que al parecer el año pasado nos dio una buena paliza. Por suerte y a pesar de unas cuantas lesiones, éramos 23 tíos en la convocatoria, así que comencé el partido en el que será mi puesto habitual el resto de la temporada: el banquillo. Si las cosas van bien y las lesiones nos respetan, espero poder alternar con otro puesto que se me da bien: no convocado. Lo que sin duda sería una mala noticia es que me toque jugar otro partido como titular, porque significaría que falta gente y eso no es nunca una buena noticia para el equipo. A ver, tampoco me entendáis mal, que yo voy a seguir peleando en los entrenamientos, pero creo que con 38 años poco margen de mejora tengo.

Desde una hora antes del comienzo del partido, cualquier espectador avezado se hubiese dado cuenta de dos cosas:

1.- Los jugadores del Atlético son grandes, muy grandes.

2.- Los de Ávila, cuando una cosa no sale por maña, sale por huevos.

Y es que mientras que el Atlético calentaba sobre el césped, nosotros nos estábamos peleando con una de las porterías de fútbol que no quería desmontarse. Casi nos toca arrancarla de cuajo, pero al final se rindió y salió dócil cual corderito. Fue media hora de lucha titánica contra un trozo de acero, con la delantera usando mucho más la fuerza que la cabeza y la línea agitando aquello para ver si cedía. En ese momento no lo sabíamos, pero iba a ser un fiel reflejo de lo que luego fue el partido.

Y es que el partido comenzó de igual modo. El RAC entró media hora tarde en el partido. En los primeros 5 minutos se adelantó el Atlético 0-7. Su zaguero pegó una patada rasa que nos pilló en bragas y su centro la posó en la zona de ensayo. Un poco dormidos si que estábamos, pero lo cierto es que ese tipo tenía un guante en el pie, como se encargo de demostrar durante todo el partido. Golpes de castigo, conversiones, patadas defensivas. Cada vez que pateaba nos mandaba a nuestra línea de 22 o más atrás incluso. Lo cierto es que en esa zona es donde estuvimos todo el partido, dentro de nuestra 22 y sufriendo muchísimo.

A los 10 minutos conseguimos pasar al fin de medio campo. Hubo un golpe de castigo y Carras lo metió entre palos. 3-7. Fue un espejismo. Sus delanteros eran grandes, fuertes y gordos. Dominaban por completo las melés. En los choques eran titanes. En una ocasión Alfonso cogió un balón en nuestra 22, fue a percutir contra ellos y entre dos tipos le levantaron y posaron en el suelo con una facilidad tremenda. Hacerle eso a alguien como yo es bastante sencillo, pero hacérselo a un tipo de 120 kilos de músculo y nervio tiene su mérito. Además, se nos acumulaban los problemas. Josito tuvo que ser sustituido por un golpe en la clavícula y era el único de nuestros tres cuartos equiparable en tamaño a los suyos. Entró Olaya, que me cae muy bien, es muy rápido y tenaz pero que pesa 30 kilos menos que Josito.

En esas estábamos, cuando su zaguero anotó de un golpe de castigo. 3-10. Luego se las apañaron para anotar otro ensayo. Encima el 15 no fallaba con el pie. 3-17. Había pasado media hora de partido y tenía muy mala pinta. No ya por el marcador, si no porque no habíamos logrado pasar de medio campo más que una vez. Pero a base de golpes el RAC fue entrando en calor. Los tipos de la primera línea en vez de intentar pasar por encima de los gordos del Atlético, decidieron probar a ver que tal se les daba correr. Y ahí fue donde encontramos una pequeña brecha en la defensa del rival. Y es que parar a unos tíos como David, Torres y Alfonso cuando han cogido velocidad es muy difícil. En un saque de touch a 20 metros, David cogió el balón y velocidad, se quitó de encima a los que iban a por el y posó el balón en la zona de ensayo. 8-17. Llegábamos al descanso con opciones.

Ese ensayo nos dio vida. El equipo creía que era posible remontar. Los últimos 10 minutos se había jugado bastante mejor. Yo desde el banquillo aportaba lo que podía. Además de calentar por si hubiese que entrar, animaba y cada vez que me cruzaba calentando con algún suplente del Atlético, ponía mirada seria, para que pareciese que sé jugar a esto.

Para la segunda parte hubo un cambio. Entró Santi Rondajo por David Cándalo, pulmones nuevos para la delantera que se estaba llevando la peor parte del trabajo. Aun así, ellos siguieron dominando las melés. Debimos de no perder 4 ó 5 a lo sumo. Pero es que debía de haber al menos 150 kilos de diferencia entre los dos packs. Eran tan superiores que siempre que podían, ellos pedían melé. En alguna llegaron a ganar 10 metros por empuje. Lo que nadie esperaba es que precisamente ahí fuese donde perdieron el partido. Entre sus gordos y las patadas del 15 nos pasamos toda la segunda parte defendiendo entre la línea de ensayo y la de 22. Era tanta su superioridad, que aunque podrían haber pegado alguna patada a palos y sumar 3 puntos, preferían melés y touches para intentar ensayar pasando por encima de los nuestros. Y como ya os he dicho antes, si nos ganan será porque jueguen mejor que nosotros, no por huevos.

La segunda mitad fue un monólogo. Balón suyo y los nuestros placando sin descanso, protegiendo la zona de ensayo. Logramos salir una vez de su presión. Terminó David la jugada con su segundo ensayo del partido. Carras transformó. 15-17. Vuelta a empezar. Ellos apretando a 10 metros de nuestra zona de ensayo. Angel Vasco, que acaba de entrar, 10 minutos fuera por placar en fuera de juego a un tío que estaba en la línea de 5. 14 contra 15, pero no valían excusas.

 Todo estuvo a punto de irse al garete en un par de ocasiones. En la primera, tras una jugada larga llegaron a romper la defensa por empuje y casi ensayan. Pero Agus, que iba colgado del tío y agarrado al balón, lo evitó interponiendo su mano entre el suelo y el oval. 3 dedos salvadores. Probablemente lo mejor que haya hecho nunca con esa mano.

La segunda fue bastante mas surrealista. Ellos dominaban. Llevaban un montón de fases, moviendo la defensa de lado a lado. Chocando irremediablemente con ella. Pero al final encontraron un hueco junto al banderín. Su ala corrió como un poseso hacia ese hueco. Pablo ‘Pelos’ , que hacía su debut, le placó inmisericorde, pero como el otro iba tan lanzado, cayó dentro de nuestra zona de ensayo. Pero el placaje le había descolocado, por lo que cayó de espaldas con el balón sobre el pecho. Yo estaba encima siguiendo la jugada. Cuando le vi dentro sentí el amargor de la derrota. Pero inexplicablemente, en vez de posar el balón tranquilamente, se lo pasó a un compañero suyo que estaba en la línea de 5, que a su vez se lo echó a otro compañero más alejado y la jugada siguió. En el plomizo cielo gris de Ávila se abrió paso un rayo de sol.

Faltaban 10 minutos. Perdíamos de 2. Cualquier cosa que sumase nos valía para ganar el partido. Pero no éramos capaces de salir de nuestra zona de defensa. Yo ya estaba desgañitado de animar, de decirles que había que salir y anotar algo, que podíamos hacerlo. El mister estaba ya ronco. No hacía mas que pedir juego a la mano para intentar montar alguna jugada, pero no le escuchaban y dábamos patadas que cogían sus alas o el zaguero. Pero en el último suspiro el milagro ocurrió. Hubo una brecha a la izquierda. Alfonso, David y Santi Osito (que ya estaba jugando de 2) pudieron avanzar y correr, dándose continuidad entre ellos. Llegaron hasta 10 metros del ensayo. Pablo armó otra fase con los segundas y terceras que llegaban desordenados. Pero su defensa también había reculado demasiado rápido y no estaban bien colocados. En esa segunda fase ganamos otros 3 ó 4 metros. Todo parecía preparado para que Pablo abriese a la línea y que esta rematase la jugada, pero en un alarde de improvisación vio que el trío de primeras ya estaba listo para la guerra, así que cambio el sentido del juego y casi logran el ensayo, pero les pararon a metro y medio de la línea. La abierta se ganó. Los segundas estaban listos para percutir, pero Pablo cogió el balón, dio un paso lateral y se lanzó a un hueco que había entre dos defensas. Tenía un gordo a cada lado intentado pararle, pero entre la maraña de brazos y michelines pude ver como la punta del oval se posaba sobre la linea de ensayo. Dos segundos después, que se me hicieron eternos, el arbitro pitó y levantó el brazo. Ensayo!!!. 20-17. Desde fuera les decíamos que tuviesen cabeza y que había que defender. Pero no hizo falta. Carras convirtió, 22-17, y el arbitro señaló el final del partido.

Hubo gritos, abrazos, pasillo para el Atlético que dio una guerra tremenda y aplausos de y para el numeroso público que se había reunido.

Tal vez hay quien piense que ‘épico’ es un adjetivo un poco grande para un partido de cuarta división regional de Madrid. Pero cuando el esfuerzo de un grupo de amigos les lleva a superar sus límites, cuando el tesón, la lucha, las ayudas constantes y el dejarse el alma en el campo porque no juegas por ti, si no por todos tus compañeros, te llevan a lograr lo que hace un año parecía imposible, ÉPICO es un adjetivo más que merecido.

Y así, con el deber cumplido, nos fuimos a la ducha y a tomar unas cervezas. Porque al final, después de 80 minutos de empujar, placar y correr, el Atlético cedió, como cedió la portería.