Cuando el cubo empieza a rodar

“Pablo fuera del campo, no estás en el acta”

Anónimo

 

Recuerdo que fue un partido duro. Llegamos como llega un adolescente a su primera fiesta, sin ser invitado directamente pero arrastrado por amigos que conocían a amigos de los que realmente la organizaban. El único contacto que habíamos mantenido previamente con nuestros rivales nos lo dieron los resultados que se cuelgan cada semana en la web, capaces de alimentar la ingenuidad de muchos y, de esta manera, dar algo de qué hablar en viajes cuasi-rutinarios. Recuerdo que enseñamos los dientes. Recuerdo que perdimos.   

Porque todo esto es un proceso. Estamos subordinados a una evolución cuyos efectos se palpan cada fin de semana. Nadie se da cuenta en el instante. Cuando toca dar la cara, los quince elegidos son ajenos a la generalidad de la cuestión. Las bombillas se encienden en el “post coitum”. A algunos les pilla en el vestuario,  en el autobús, quizás hablando con alguien, escribiendo una crónica. A otros, sencillamente, no les llega.

El proceso evolutivo al que hago referencia no lo ostentan individuos dentro de un grupo. La gente se suele perder en lo contrario, sin saber que es el grupo el que posee dicha capacidad, simplemente por el hecho de ser integrador de personas. Es decir, formas parte de lo que se construye día a día. Sí, en parte es tuyo. Pero eres prescindible. Tan sustitutivo como cualquier otra cosa.   

Subimos el escalón. El bloque rosa puso el pie en el siguiente peldaño. Alcobendas fue testigo este domingo, pero en lo sucesivo serán otros. El proceso otorgó a Pedro (0-7) la oportunidad de imponernos como dueños del encuentro. Se esfumó en la segunda parte, pues somos individuos en un mismo equipo. Los individuos yerran, se caen, se embarran para volverse a levantar y ver el desastre representado en un 22 – 10. Como el que se despierta de una pesadilla y sabe que, aunque nada ha sido real, está hecho una mierda y además empapado en un sudor de lo más asqueroso. Sin embargo, los seres humanos somos mucho más complejos. Para una mayor efectividad sabemos que nos tenemos que reunir en torno a un fin común. Nadie lo grita. Simplemente sucede. Homogeneidad patentada por un desarrollo como equipo. Imponiéndose al final. Al final, como queriéndonos decir algo importante. Siempre al final. Al final y concediéndonos la esperanza a través de Agus (22-17). Constatando que estamos en pleno proceso tras el ensayo de Dani (22-22). Saboreando la miel pero sin hacerla nuestra. Tablas.

Para dar por concluido vuestro desahogo prosaico semanal, decir que el progreso no se da por sentado, no fluye por inercia. Necesita de motor, de personas. Por tanto, no estoy legitimado para pronosticar el  futuro del conjunto, pero sí para, dentro de un año, hacer memoria y recordar que no perdimos. Que nos batimos el cobre. Que volvimos a pecar. Que fuimos nuestros enemigos, nuestros más íntimos amigos. Fuimos rabia y frustración. Fuimos ímpetu. Composición y descomposición. No perdimos. Subimos el escalón.

 

Datos de interés:

            Ángel debutó. Se deslizó por el campo como vaselina en hombro.

 

Cronista