DESDE EL BANQUILLO 2.0

Una jornada más y no será la última, comienzo la crónica comentando lo que ocurrió desde un punto de vista privilegiado, el banquillo. El banquillo es un ecosistema muy particular. Tiene sus códigos, su idiosincrasia. En teoría, el banquillo es la zona adyacente al banco propiamente dicho. Desde allí se ve el partido y se está atento al juego. Cuando hay que calentar te vas detrás de una de las zonas de ensayo y allí trabajas piernas y hombros sobre todo por si te toca entrar por alguna lesión. Pero yo no valgo para eso. Siempre he sido más hooligan que aficionado. Cuando voy al Bernabeu termino ronco. Cuando voy a ver al Estu termino ronco. Cuando estoy en el banquillo viendo a los compañeros tampoco me puedo callar, ni estar quieto. Si no sigo cada carrera en la que avanzamos metros animando no me quedo a gusto. Si no estoy a la altura de la línea de defensa dando voces y espoleando a nuestros defensores noto que me falta algo. Siento que esa es mi función en el equipo. En la NBA hay muchos jugadores así repartidos por los equipos. Son mundialmente conocidos como ‘agitatoallas’. Para el próximo partido tal vez me lleve una.

Lo cierto es que de este partido no os puedo comentar muchas cosas, porque tuvo poca historia. El Rugby Atleti-Arquitectura presentó un equipo con una delantera muy pesada y potente y una linea bastante rápida y disciplinada. Durante la primera parte sobretodo, provocaron que tuviésemos muchas pérdidas de balón, literalmente nos lo quitaban de las manos o nos placaban y el oval salía volando costándonos un avant. Aun así logramos adelantarnos mediante un golpe de castigo pateado por Carras. 3-0. Debido al juego embarullado que estábamos desplegando, ellos lograron ensayar, pero fallaron la transformación. 3-5. A pesar de las pérdidas de balón, logramos ensayar un par de veces más, primero Nacho y después Agus. 13-5. Y terminamos la primera parte asediando su zona de ensayo. Alfonso estuvo a punto de lograr el tercer ensayo, pero ellos defendieron y placaron muy bien y lograron evitarlo. Al descanso 13-5 y un partido muy disputado.

La segunda parte fue otra historia. No se si fue la charla del mister, que nos centró, o si fue el calor que hacía, que desfondó a sus gordos, pero lo cierto es que en la segunda parte solo hubo un color, el rosa del RAC. Prácticamente nada más comenzar ensayo David. 20-5. En ataque nuestra delantera daba mucha continuidad al juego, lo que provocaba que sus gordos no llegasen con soltura y les costaba muchísimo evitar que ganásemos metros. Además, esa continuidad en el juego permitió que la línea tocase mucho balón, bastante más que en partidos anteriores. Cruces, saltos y muchas jugadas a la mano hasta el ala, un juego alegre que además nos permitía ganar metros. Alfonso logró un ensayo. 27-5. Nos asegurábamos el bonus ofensivo. Estábamos jugando bien y los que entraban desde el banquillo lograban que siguiésemos manteniendo el ritmo. Cándalo, Angel Vasco, Anisete y Pablo Pelos. En defensa estábamos bien ordenados y placando. Apenas llegaron a nuestra zona de 22 en la segunda parte.

Hubo otro ensayo, de David para variar. 34-5. Carras no falló una patada en toda la segunda parte. Quedaban sólo 10 minutos y el resultado parecía asegurado. Debutó Gonzalo jugando en un ala. El mister me llamó para entrar. Con Pablo Pelos en un ala y Gonzalo en la otra no tenía ni idea de donde iba a jugar. Tal vez en una revolucionaria posición de tercer ala por el centro o algo así. Pero no.

- ¿te atreves a jugar de pillier?- me dijo.

- Claro.- respondí.

- Las melés están pactadas y en la touches te quedas fuera a no ser que sea completa.

- Vale.

Y así entré haciendo mi debut de gordo. 1’76 y 81 kilos de peso. El pillier más ligero de la historia del RAC. Pero según nos estábamos colocando llegaron ordenes desde la banda para que pasase a jugar de segunda junto a Cándalo. Ya sabéis lo que dicen, donde fueres haz lo que vieres, así que yo me dedique a ir pegado al culo de Cándalo a todas partes. Lo primero que hicimos fue ir a limpiar una abierta. Es algo que entrenamos todos los días. Vas bien abajo y empujas. Si estas protegiendo el balón te colocas bien abajo y dejas el balón entre tus pies para que no la puedan robar. A mi se me olvidó lo de estar bien abajo. Pero no pasa nada. Amablemente uno del otro equipo me lo recordó. Ahora tengo una bonita herida en la nariz que me lo recuerda. Angel Vasco también me lo recordó:

- ¡Ahí arriba no, abajo!- me dijo.

- Ya tranquilo, que ya me lo han recordado ahí dentro.

Hubo otras cuantas abiertas más en las que tocó entrar y en esas ya fui abajo, muy abajo.  En una a punto estuve de robar el balón. Yo no quería, pero Pablo no hacía más que insistir:

- ¡Roba eso!

- ¡Limpia!

- !Asegura!

- ¡Entra ahí!

Le ves entrenamientos que es un tipo callado y que no habla nunca, pero luego en los partidos no se calla y no hace más que mandar.

Lo cierto es que sólo jugué unos 10 minutos, pero participé en más jugadas que en los dos partidos que jugué como ala juntos. Tuve tiempo hasta de hacer mi jugada estrella, fallar en la recepción de una patada y hacer un avant. El caso es que después de una jugada de delantera por la izquierda, en la que hubo un montón de off-loads y pases, el balón llego hasta Olaya que con una carrera de 20 metros sorteando a un par de defensas logró el ensayo. Yo iba pegadito a él por si hacía falta, pero no fue el caso. 41-5. Sacaron de centro y la patada venia directa a mí. No me tenía ni que mover. La vi tan fácil que la lie. Es mi sino.

También tuve tiempo de participar en un maul e incluso en una melé. Cuando estás de segunda tienes que meter la cabeza entre las caderas de un pillier y el talonador. Descubrí, como ya sospechaba, que mis orejas no están diseñadas para eso.

Hubo otra ocasión en la que el balón llego a mis manos y me placaron. Estábamos en nuestra 22 y por detrás de mí solo estaba Fabio de zaguero. Me pedía el balón pero no veía como dársela sin arriesgarla.

- ¡Trabaja en el suelo!. ¡Hacia tu campo!

En mi cabeza resonaba la voz de Jose Ignacio. Así que caí todo lo largo que pude hacia nuestro campo con el balón bien sujeto y presentado para que Fabio lo cogiese. Pero, hete aquí que por el rabillo del ojo vi que uno de sus gordos me sobrepasaba e iba directo a por el balón. Si lo cogía se iría directo a ensayar. Me gustaría decir que pensé rápido y que fui astuto cual zorro, pero lo cierto es que sólo fue un acto reflejo. Según se agachó para coger el balón en carrera me lo traje hacia mí y acto seguido lo volví a posar donde estaba para que Fabio, ya sin el morlaco por allí lo cogiese. ¡Olé! coreó la plaza (mentira).

Cualquier día le pido a Buche la muleta para dar un par de capotazos.

Terminé el partido ayudando a placar a un tipo muy grande que iba directo a ensayar, pero le paramos a 5 metros de la línea. Cayó encima de mi mano izquierda, recuperamos la posesión y pitó el colegiado el final. El domingo estaba asustado. Tenía la mano muy hinchada y como no me dolía nada en especial me preocupaba que fuese algún hechizo y que me estuviese transformando en gordo poco a poco.

Creo que ha sido una falsa alarma. En el momento de escribir esto, (es miércoles), ya se me vuelven a ver los nudillos y algún tendón. De las venas aún no hay noticia pero espero que sigan ahí.

Parece que el caso es quejarse, pero no. Cuando juegas al rugby y termina el partido o el entrenamiento y no te duele nada, es que algo has hecho mal. Todos asumimos riesgos. Simplemente confías en que no te pase nada grave. Pero a veces pasa. Como le pasó a Alberto Alaiz, compañero del Rugby Atletí-Arquitectura y de todos los que disfrutamos de este bello deporte. Porque es en los momentos duros en los que te das cuenta de que el rugby no es sólo un deporte de equipo, es una gran Familia. Por eso el partido contra su equipo tenía una mayor carga emocional. Les ves luchar y pelear cada balón y sabes que no sólo lo hacen por ellos, si no que quieren que Alberto se sienta orgulloso de su esfuerzo. Lo que tras el partido nos vino a contar su entrenador y sus amigos queda para cada uno de nosotros. Y es que estoy seguro de que todo el mundo que haya tenido alguna vez un oval en sus manos hará lo que sea posible individualmente o como parte de un club para ayudar a Alberto en su recuperación. Porque esta vez le ha tocado a él, pero mañana podríamos ser cualquiera de nosotros. Así que no hay otra manera de terminar esta crónica que no sea con un grito:

#fuerzaALBERTO